Trujillo – Guadalupe

En el corazón de Extremadura laten dos lugares cargados de un enorme simbolismo para la propia región y para otras tierras más lejanas. Se trata de la medieval y renacentista ciudad de Trujillo y de la Puebla y el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe. La importancia de ambos enclaves durante la Edad Media en la Corona de Castilla tuvo su trascendencia moderna en el Nuevo Mundo americano, donde sus nombres quedaron marcados para el devenir de los tiempos. Visitar este espectacular rincón extremeño de la mano de Guías-Historiadores de Extremadura asegura obtener un muy completo conocimiento del trasfondo histórico-cultural de esta aún desconocida región.

Trujillo fue primero una medina islámica en la frontera de al-Andalus para después convertirse en ciudad principal de la Extremadura bajomedieval. Las guerras civiles castellanas desarrollaron en la plaza trujillana algunos de sus más relevantes acontecimientos, como la toma de su castillo por Isabel la Católica en su enfrentamiento con los partidarios de Juana la Beltraneja. Su importancia histórico-artística se ve reflejada en imponentes iglesias como Santa María la Mayor y en casonas de su nobleza como el Palacio de los Marqueses de la Conquista, símbolo del mestizaje hispano-americano. De entre sus muchas figuras históricas, destacan las de Francisco Pizarro, conquistador del Imperio Inca (Perú), cuya estatua ecuestre se alza en la sublime Plaza Mayor, o la de Francisco de Orellana, descubridor y explorador del Amazonas.

Santa María de Guadalupe se apareció al vaquero cacereño Gil Cordero cuando éste buscaba un animal extraviado que finalmente encontró muerto en el lugar donde había enterrada una imagen de la Virgen. Aquella leyenda dio paso a la construcción de una ermita y posterior monasterio, hoy Patrimonio de la Humanidad, que alcanzaría un enorme esplendor como centro de peregrinación y devoción de todo el reino de Castilla y León. Los Reyes Católicos o Cristóbal Colón, entre otros, fueron algunos de los ilustres devotos de la Virgen de Guadalupe, cuyo fervor irradió por América tras la colonización española de aquel lejano continente. La Puebla, conformada en torno al monasterio, atesora una preciosa arquitectura popular y el recuerdo de la rica historia cultural que proporcionaron las escuelas de Medicina y de Gramática o el asentamiento de una numerosa población judía y judeoconversa.

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