Seleccionar página

Escudos, blasones, divisas, armas… Hay muchas maneras de denominarlos, pero lo importante es lo que significan. Los blasones son un símbolo de poder, de historia, de raigambre e incluso se podría decir que son el precedente de los actuales logos. Todos cuentan algo y eso es de lo que vamos a hablar a continuación, con diez escudos interesantes de la región, cada uno por una razón distinta. No están todos los que son porque es imposible, pero trataremos de que representen al conjunto. Por supuesto, te animamos a que los conozcas in situ en nuestras visitas guiadas.

 

1. Armas de los Reyes Católicos de la Puerta del Sol en Plasencia

Plasencia fue desde su fundación una ciudad de realengo, esto es, dependiente directamente de la autoridad real. Sin embargo, los vaivenes del destino hicieron que durante algunos años acabara siendo cedida a los Zúñiga, la familia noble más importante de la localidad. Tras consolidar su poder, los Reyes Católicos revirtieron la situación y devolvieron a la perla del Jerte a la égida real. Para dejarlo bien claro se ordenó la colocación de su escudo en las puertas principales de las murallas. En la del Sol, la más relevante, podemos ver cómo quedó la jerarquía social con un simple vistazo: en lo más alto, una referencia a la divinidad como es la Virgen con Jesús niño; algo más abajo, las armas reales; por debajo de todo lo demás, dos ejemplares del escudo municipal.

Armas de los Reyes Católicos de la Puerta del Sol en Plasencia

 

2. Armas del emperador Carlos V en Yuste

Carlos V, el césar que había dominado una considerable porción del mundo, eligió un humilde rincón de su imperio para esperar la muerte. Durante los meses que allí moró recibió varias visitas, algunas que le supusieron alegrías y otras que tuvo que aceptar por cumplimiento del deber. Pero lo importante es que allí vivió y murió un emperador. Por esta razón todo aquel que visita el monasterio de Yuste se encuentra antes de su entrada un gran escudo imperial que le da la bienvenida. ¿Pero es sólo un elemento decorativo? Realmente no. El objetivo era y es informar a los visitantes de la calidad del habitante más importante de la historia del monasterio.

Armas del emperador Carlos V en Yuste

 

3. Armas de Felipe IV en el puente de Medellín

Medellín ha sido desde la Antigüedad un paso obligado sobre el río Guadiana. Su ubicación es la perfecta para ejercer control sobre toda su área de influencia. Por ello era imprescindible contar con un puente adecuado para encauzar el tráfico que necesitaba cruzar el río. Aunque hubo otros anteriores el que todavía podemos contemplar es una reconstrucción imponente y casi se podría decir que definitiva que data de 1630. Naturalmente había que dejar constancia no sólo de la fecha de construcción sino bajo el reinado de quién había tenido lugar. El viajero, el arriero, el lugareño habían de saber a quién le debían tan notoria merced.

 

4. Armas de Isabel II en el puente de Alcántara

Siguiendo con puentes, no nos podemos olvidar del más imponente que tenemos en la región: el de Alcántara. Sorprende a todo el que lo ve por primera vez (y segunda y tercera y…) por su impresionante factura, pero sobre todo por el hecho de que siga en pie tras casi dos milenios de uso intensivo. Pero no siempre se lo ha cuidado y protegido; en 1836, en plena Primera Guerra Carlista, fue la última vez que se lo inutilizó por exigencias bélicas. Unos años después, ya consolidado el régimen liberal, se lo restauró. Por supuesto, si Carlos V había dejado su impronta en el puente en el siglo XVI, Isabel II no era menos y allí que se colocaron sus armas en curioso paralelismo. Quien crea que el deseo de mostrar poder a través de los escudos es algo del pasado más remoto o de las monarquías más absolutistas está en un tremendo error. Siempre han sido, son y serán eficaces vehículos de propaganda política.

Armas de Isabel II en el puente de Alcántara

 

5. Escudo de los Suárez de Figueroa en Zafra

No se limita únicamente a la realeza el orgullo estético de poseer un blasón y mostrarlo a la menor oportunidad. La nobleza también emplea con profusión el escudo familiar como forma de hacerse ver, de hacer comprender su importancia social al resto de la población. El epítome del poder nobiliario era en el pasado la villa ducal, de la que en Extremadura contamos con un ejemplo excelente: Zafra. En ella hay o hubo blasones de los Suárez de Figueroa, los titulares del ducado de Feria, por toda ella: los arcos de las murallas, la entrada de su alcázar, las puertas de los conventos por ellos erigidos, en sus tumbas… En definitiva, en cualquier lugar susceptible de marcar quién mandaba en la localidad.

Escudo de los Suárez de Figueroa en Zafra

 

6. Escudo de la portada del palacio de los marqueses de Torreorgaz en Cáceres

Es sabido que cada familia nobiliaria tenía su blasón como forma de distinción y orgullo y que, como se ha visto, a menudo se empleaban como elemento para demostrar su poderío y riqueza. Sin embargo, también tenían otra función bien usual: contar cómo iba creciendo la familia. Así, cuando un linaje entroncaba con otro por herencia o matrimonio no era infrecuente que sus armas se fusionaran, añadiéndose sus cuarteles a los escudos preexistentes. Por ello es habitual encontrar que los blasones creados corrido el tiempo dispongan de dos, cuatro o más cuarteles donde se hacía gala de la nobleza de la familia por todas las ramas posibles. Destaca en esto, en el recinto amurallado de Cáceres, el escudo que nos ocupa; en él se pueden distinguir las armas de los Ulloa, Carvajal, Aponte, Zúñiga y Córdoba.

 

7. Escudo de esquina en el palacio de los marqueses de la Conquista en Trujillo

En ocasiones las armas de una familia son casi como una novela corta, pues lo que en ellas se representa llega a contar pasajes enteros de las hazañas de sus miembros. Es lo que podemos conocer en el que posiblemente sea el escudo nobiliario más espectacular de la región: el de los Marqueses de la Conquista de la Plaza Mayor de Trujillo. En él se concentra todo lo que Francisco Pizarro y sus hermanos consiguieron en América. Así, se muestra Cuzco, la capital del imperio inca que ellos conquistaron; un león con una F en la mano, representando a Francisco Pizarro; un león con una corona de oro, representando a Atahualpa, el emperador vencido; y finalmente, a su alrededor hay una cadena que somete a los caciques indígenas apresados. Toda una declaración de intenciones.

Escudo de los Marqueses de la Conquista, obtenido por Francisco Pizarro, en Trujillo

 

8. Escudo municipal de Mérida

Pasando de la nobleza a las ciudades podemos ver que en algunas su escudo pasa también de ser un emblema a algo más, a seña de identidad y de tradición. El mejor ejemplo de esto es escudo de la ciudad de Mérida. Aunque tras la conquista leonesa su emblema municipal fue diferente del actual con el tiempo se acabó imponiendo la imagen más identificativa de la Augusta Emerita de época romana: el de la Puerta del Puente, una de los cuatro accesos a la ciudad que existían en su muralla, reflejada en numerosas emisiones numismáticas en la Antigüedad. Mirar el escudo actual de Mérida es contemplar el brillante pasado de la localidad y resulta un ejercicio de orgullo cívico para quienes habitan en ella.

Escudo municipal de Mérida

 

9. Escudo municipal de Cáceres del Museo de Cáceres

Entre los fondos del Museo de Cáceres hay una pieza que suele pasar desapercibida por no estar en una vitrina sino en el patio del edificio, por lo que los escasos visitantes que reparan en ella la toman más como decoración que otra cosa. Es un escudo municipal de Cáceres, ya muy desgastado. La peculiaridad es que cuando el visitante es cacereño se sorprende de ver las armas de Castilla y de León al revés de su disposición actual. En ocasiones se ha achadado esto a un error del cantero, pero no es el único escudo de la ciudad que tiene sus cuarteles de esa manera, ya que hasta posiblemente el siglo XVIII se mantuviese la primacía del león del Viejo Reino colocándolo a la derecha -nuestra izquierda-. Es interesante ver cómo el reino que tomó la ciudad a los almohades acabó por sucumbir en preponderancia ante la Castilla que nació en su seno, hasta tal punto que se hubo de cambiar incluso el orden de las armas de una pequeña localidad como era Cáceres.

Escudo de Cáceres en el Museo Provincial

 

10. Escudo de la Inquisición en Coria

Si hemos hablado de la realeza, la nobleza y las ciudades no nos podemos olvidar de hablar del otro estamento que hasta el siglo XIX figuraba en el reparto del poder en el Antiguo Régimen: la Iglesia. Para ello nos vamos a toda una capital episcopal, pero, en lugar de centrarnos en alguno de los blasones de obispos que allí se pueden ver, hemos preferido concluir este listado con uno bien curioso e inesperado para el viajero. Es ni más ni menos que el de la Inquisión, muy cercano a la Puerta de la Guía, en tanto que allí se asentó el Santo Oficio temporalmente habida cuenta de la importancia de los judeoconversos en la ciudad. Conforman este escudo una cruz, simbolizando la muerte de Cristo y la redención de los hombres; una rama de olivo, la misericordia; y la espada, el castigo.

Escudo de la Inquisición en Coria