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Dicen que la felicidad está en los pequeños placeres, en la intensidad de los momentos, en las oportunidades que surgen en medio de nuestras circunstancias. Es así como entiendo la ocasión que se me ha brindado para acceder a un lugar que se cuenta por méritos propios entre los altares de la Prehistoria peninsular: la cueva de Maltravieso (Cáceres). Lo que sigue a continuación es una reseña subjetiva, no exenta de un fuerte componente emocional, como no podría ser menos al estar escrita en primera persona por quien visitó la cavidad por primera y única vez en 2004 y quien selló entonces y en el mismo lugar una vida con la persona con la que comparte este viaje fugaz.

Portada de la revista Science, con el revolucionario estudio sobre la cronología de las pinturas de las cuevas de Maltravieso, Los Ardales y La PasiegaEn febrero de 2017 una noticia sobresaltaba al mundo académico y a la opinión pública. La prestigiosa revista Science publicaba en su último número un estudio revolucionario: las cuevas de Maltravieso, La Pasiega (Cantabria) y Los Ardales (Málaga) guardan en su interior las muestras de arte rupestre más antiguas documentadas hasta la fecha a escala global. En concreto, la cacereña es según esta investigación la que atesora las pinturas rupestres más antiguas de las tres cavidades estudiadas. Desde entonces y hasta la fecha presente, otros estudios se han hecho eco de esta recalibración e incluso han combatido las dataciones cuestionándolas.

Sea como fuere, lo cierto es que la noticia ha tenido un impacto crucial en la historia de la investigación y el presente de la cueva de Maltravieso. Tanto que desde principios de 2019 la administración regional, de la que depende su gestión, permite el acceso temporal y controlado al interior, siempre bajo los parámetros de lo científico. Los martes y sábados de cada semana, un total de doce personas de entre todas las que lo solicitan logran el acceso y sumar sus nombres a la lista de agraciados que pueden disfrutar de una experiencia única. Esto es, que la ciudadanía conozca de primera mano su pasado más remoto mientras forma parte de un proyecto de signo experimental que mide la acción humana en los parámetros ambientales de la cueva.

El correo electrónico de confirmación llegó al poco de cumplimentar el formulación de solicitud. Las obligaciones y recomendaciones para el acceso fueron convenientemente anotadas a fin de no dejar nada suelto ni al libre albedrío llegado el momento. Una vez allí, la recepción de las personas seleccionadas, cuatro en total para el turno en cuestión, fuimos inmejorablemente atendidas, aunando por igual la profesionalidad de las explicaciones y el trato humano, cercano y risueño. Una realidad personificada en Juana y Elena, técnicas de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura  y cicerones de la jornada.

La visita comenzó por el Centro de Interpretación, modernizado recientemente su audiovisual y paneles con motivo de la revolucionaria investigación de las pinturas. El descubrimiento casual de la cueva en 1951, su rescate de la destrucción y el hallazgo de su bien conservado arte parietal, con el esforzado Carlos Callejo como principal protagonista, fue la mejor de las introducciones para una historia no exenta de tintes casi novelescos. No faltaron tampoco las explicaciones geomorfológicas y biológicas sobre la formación de la cueva ni el contexto de las pinturas de Maltravieso en la constitución del arte rupestre peninsular y europeo. Todo a fin de que en el interior de la cavidad los presentes no viéramos, sino conociéramos.

Visita a la Cueva de Maltravieso (Cáceres), en el Centro de Interpretación

Visita a la Cueva de Maltravieso (Cáceres), en el Centro de Interpretación

Una vez frente a la boca de la cueva, las sensaciones de que la visita se avenía plenamente a lo científico se agolparon mientras nos ajustábamos los trajes de protección, los guantes y el calzado de las extremidades, así como las mascarillas y el casco con luz de seguridad. No solo para los presentes, sino para el sostenimiento de las condiciones ambientales que han permitido que la cueva y sus pinturas hayan llegado hasta nuestro tiempo. Unas condiciones ambientales que nada más atravesar la entrada cambiaron la humedad y la temperatura asimilada en el exterior. Una mención parecida puede hacerse de las estrecheces y la escasa altura de algunos pasos y estancias de la que fuimos testigos, sin alcanzar en ningún caso un extremo y otro el agobio o la ansiedad.

Así ataviados atravesamos cada uno de los corredores y estancias de que se compone la cueva, pasando por las primeras salas de las Columnas y de la Mesita, con sus curiosas formaciones geológicas, hasta llegar a la última de las Chimeneas, donde aún pueden verse las cuadrículas trazadas por el equipo de los Primeros Pobladores de Extremadura en su última campaña de excavaciones. Un angosto camino que el Ser Humano recorrió durante miles de años con mayores dificultades que nosotros, sin más luz artificial que la que le proporcionara un fuego portado y sin la trinchera abierta en 1961 por el prehistoriador Martín Almagro Basch para facilitar el acceso. Entre medias fuimos convenientemente informados de los sensores de temperatura, humedad, radón y demás índices de medición que el equipo facultado por la Junta de Extremadura tiene colocados en diferentes puntos estratégicos del interior. Todo ello sin que al parecer las variaciones hayan sido hasta la fecha presente tan elevadas como para modificar el régimen de visitas.

Visita a la Cueva de Maltravieso (Cáceres), frente a la boca de la cavidad

Sin lugar a dudas, fue la observación de las pinturas rupestres lo que causó la mayor expectación entre los acompañados. Las manos, figuras esquemáticas y otras manifestaciones pictóricas, como también numerosos grabados rupestres, aparecieron aquí y allá en unos corredores y en otros, en unas salas y en otras. Algunas veces con la necesidad de apagar las luces de nuestros cascos y de seguir las instrucciones y los haces de luz del equipo técnico que nos guiaba. Una emoción exclusivamente humana, la que radica en el sentimiento de estar ante algo legado por nuestros antepasados miles de años atrás, recorrió el pensamiento de quienes admiramos estas representaciones. Todas las preguntas sobre los pigmentos y herramientas que utilizaron o sobre el ignoto mensaje y significado que transmitieron durante generaciones fueron igualmente respondidas con una paciente amabilidad.

No cabe duda de que la llamada sala de la Serpiente, casi al final de la trinchera que atraviesa Maltravieso, nos aguardaba para apreciar sin prisa, relajadamente tumbados frente a ella a menos de medio metro, la más importante de todas las manifestaciones rupestres: la mano en negativo que supera los 66.000 años de antigüedad, siempre según la muestra recogida in situ y analizada por el estudio multidisciplinar publicado en Science. Algo que ha revuelto no solo las cronologías vigentes sobre el arte prehistórico, sino todo el andamiaje de la investigación internacional. Siendo así, y partiendo de la hipótesis de que las fechas barajadas corresponden a un momento previo a la llegada del Ser Humano moderno a estas latitudes, no queda por el momento sino dotar a los neandertales de la capacidad simbólica suficiente para producir arte.

Mientras andábamos sobre nuestros pasos nos percatamos de que el tiempo limitado que podíamos pasar dentro de la cueva estaba a punto de cumplirse. Aun así, fue posible contemplar otras formaciones y manifestaciones humanas que en el camino de ida habían pasado desapercibidas. Un broche de oro para una visita de corte científico que se saldó con un éxito de organización y de profesionalidad, con una mención especial para Juana y Elena, así como de satisfacción personal por parte de las personas seleccionadas. El que esto escribe, con rotunda sinceridad y agradecimiento.

Visita a la Cueva de Maltravieso (Cáceres), fotografía de grupo y con el personal técnico

Apenas resta dar la enhorabuena a todas las personas e instituciones que hacen posible que todas las semanas cualquier ciudadano pueda vivir la misma experiencia. Para ello, se adjunta a renglón seguido el enlace a la página web del Museo de Cáceres, del que depende la Cueva de Maltravieso, donde se puede encontrar toda la información y el formulario correspondiente para visitar el interior. Más que una recomendación, casi una obligación para quienes desean conocer de primera mano los orígenes de lo que nos hace humanos.

http://museodecaceres.juntaex.es/web/view/portal/index/contactPage.php?id=10

 

Carlos Marín Hernández

Doctor en Historia por la Universidad de Extremadura

Guías-Historiadores de Extremadura

 

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